Documentación se escribe para que alguien la consulte algún día: leerla es opcional, así que un error ahí tarda en notarse. Una base de conocimiento la leen agentes antes de actuar, todos los días, y nadie revisa cada resultado antes de que cuente. Si mezcla información normativa, de clientes y financiera bajo un mismo techo, una lectura amplia puede traer de vuelta algo que no debía cruzar esa frontera, sin que nadie haya hecho nada mal.
Por eso la dividimos en tres repositorios según quién puede leer cada cosa: uno normativo, uno con la información de cada cliente, uno de sensibilidad alta solo para los socios. La frontera se fija por dónde vive el archivo, antes de que exista la pregunta, no por qué tan bien se comporte lo que la responde.
Antes de construir así, probamos un motor de búsqueda por relevancia con datos de dos clientes ficticios. Una pregunta específica los mantuvo separados. Una pregunta amplia trajo al cliente equivocado, como coincidencia débil. Ahí quedó claro: la confidencialidad no puede depender del comportamiento de la búsqueda.